Respondió Amós:
“Yo no soy profeta
ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de
junto al rebaño y me dijo: ‘Ve y profetiza a mi pueblo, Israel’. Amós 7,14
En la lectura de hoy, el
Profeta Amós describe el origen de su vocación: no es algo que deseó. No es algo que el pidió. Es algo que el Señor mandó, y el tuvo que
cumplir. El no vino de una familia de
profetas. A lo mejor, su familia no fue
muy religiosa, pero Amós reconoció la voz del Señor en su vida y respondió.
Dado la experiencia de
profetas en el antiguo testamento, nadie quiso ser profeta. Fueron rechazados, perseguidos, hasta
matados. Siendo profeta no fue una carrera
de seguridad. De hecho, siendo profeta
fue, y hoy en día sigue siendo, un papel de alto riesgo. El profeta no habla del futuro, pero habla
del presente, de realidades que muchos no quieren reconocer. Tantas veces, preferimos ser ciegos en vez de
saber lo que realmente está ocurriendo.
Esta lectura, habla de
vocación; habla de la experiencia del
llamado de Dios. El camino de Amós no
fue fácil. El camino de cualquier
persona que quiere seguir al Señor jamás es fácil. El Señor nos asegura la cruz en nuestro
camino. “El que quiera
seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc
9, 23).
Cuando yo fui joven, también tuve cruces. Vengo de una familia de cuatro generaciones
de profesores. Pensé entre carreras en
leyes, política, periodismo, pero sentí que el Señor también me invitó a la
vida religiosa. Dudé, en un minuto, que
pudría ser feliz en la vida religiosa.
Pensé, tal vez mi felicidad se encuentra en otro camino.
Durante mi último año de colegio, viví un retiro que fue un
poderoso re-encuentro con el amor de Dios.
El siguiente fin de la semana, un profesor de mi colegio fue ordenado
sacerdote. Hablé después de la misa con
el obispo. Yo había estado en un grupo
vocacional antes pero esto formalizó la conversación. Hablé con mis papás. Ellos querían que yo encontrara la felicidad,
donde sea. Ellos apoyaron mi solicitud
de ingreso al seminario, pero no estuvieron convencidos que este fuera mi
camino. Yo tampoco. Pensé, humildemente (me río al decirlo así),
que Dios se había equivocado y después de un año en el seminario me daría
cuenta, y luego, iría a estudiar leyes u alguna otra carrera. Al fin del primer año, me di cuenta que me
gustó. No fue fácil, pero me gustó. Ha seguido pasando años, y no ha sido fácil,
la vida religiosa y el sacerdocio, pero me gusta.
El camino como religioso y sacerdote de Santa Cruz, me ha
conducido a ministerios y lugares que no esperé. Vengo de una familia de profesores-- cuatro
generaciones. Al unirme a la Congregación,
pensé que iba a ser sacerdote y profesor universitario. Al contrario, el Señor me ha conducido a la
vida de párroco y misionero. Como Amós,
no es algo que fuera planificado o que pasara por mi mente cuando era joven y,
luego, de ser seminarista. Pero el
camino del Señor es más rico que cualquier camino que podamos imaginar para
nosotros mismos.
También, estoy seguro de esto: el Señor nos llama a cada uno a
algo especial.
¿A qué te está llamando el Señor?
Estás escuchando su voz?
Aunque te parece difícil su invitación, Él no te dejará sólo. Él te acompañará en todo. Escucha su voz. Contesta.
Uno no sabe a donde irá el camino! P. Christopher Cox,CSC
Párroco
Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Andacollo